La trampa del tiempo

Si sientes que siempre estás en contra del reloj, que estas cansad@ y que hay muchas cosas que quisieras hacer, pero no puedes, te invito a que mires el tiempo desde una óptica diferente.

“Si queremos vivir una vida de todo corazón tenemos que cultivar el sueño y el juego de forma intencionada, y librarnos del agotamiento como símbolo de estatus y de la productividad como valía personal”.

Brené Brown

Escucho con frecuencia estos comentarios; “ya tengo xx edad y no puedo hacer xx”, “A esta edad el cuerpo no reacciona igual”, “a esta edad no voy a cambiar”, “siempre quise xx pero ya es muy tarde”, “Me gustaría tener hijos pero ya estoy viej@”, “ya no tengo energía para hacer xx, estoy viej@”, “siempre quise estudiar otro idioma, pero es muy tarde”.

Cuando los escucho percibo una triste derrota en sus voces antes de que siquiera empiecen la guerra, como si ya se hubiesen vencido sin siquiera trascender la idea más allá de sus pensamientos.

Estas frases empiezan a convertirse en una muletilla con el tiempo, y las decimos en ocasiones de forma tan automática que no nos detenemos a pensar si hoy ese sueño sigue siendo mi deseo. Cuando escucho estas frases suelo hacer tres preguntas más y con frecuencia la conversación termina en un; “es que honestamente no quiero hacerlo”.

Yo también estuve ahí, en la famosa trampa del tiempo, que por un lado te frena y por el otro te motiva a hacer de todo en un período insostenible, lo que te lleva a cumplir la meta, pero con el costo alto de disfrutarlo poco o nada.

Las ilusiones, los sueños y la creatividad nos hacen la vida placentera, es el poder mágico que nos desconecta con lo terrenal (con las facturas por pagar, las enfermedades, la precariedad, el cambio climático, el sistema, la corrupción, etc.). En esa nube voluntaria en la que nos sumergimos somos como Peter Pan, salimos volando por la ventana de nuestra realidad tangible hacia un mundo en el que sí tenemos el coraje de hacer lo que deseamos, de ir por nuestros deseos profundos y anhelados sin culpa, remordimiento o miedo.

Ese mundo de ensueño en el cual nos sumergimos a imaginar tiene un ingrediente muy especial, y es que es un vórtice en el tiempo, es un espacio sin reloj. Ese en el que también entramos cuando estamos concentrados haciendo algo que amamos.

Científicamente no puedo demostrarte que el tiempo-no tiempo existe, sin embargo, estoy segura de que lo has vivido. En la primera infancia (0-7 años) lo vivimos como una realidad casi absoluta.

Si tienes hijos, nietos, sobrinos, primos o niños pequeños cerca seguro has notado que cuando le dices “mañana vamos al parque” ellos entienden “vamos ahorita al parque”, es la época del eterno presente; o cuando le dices “es tarde, es hora de irnos” no entienden cómo puede ser “tarde” si apenas hace un instante (desde su percepción) llegaron.

Las evidencias científicas cambian, teorías que en el pasado fueron una maravilla hoy en día están en observación, ten en cuenta que no son verdades absolutas al igual que nuestras creencias evolucionan y se pueden transformar, nada es estático, por ello te invito a rebatir esos absolutos y a buscar evidencia contraria sobre eso que te dices de “No tener tiempo por xx”, “estoy viej@ para xx”, etc.

No me alcanza el tiempo

Si pasaste de los 25 años seguro te has sorprendido usando esta frase “ya es viernes ¡wao! como pasó de rápido la semana”, “se me escapó el tiempo de las manos y no se honestamente haciendo que” o quizás has estado en la situación contraria “siento que llevo horas aquí” y cuando ves el reloj han pasado 3 minutos.

Creo que en este punto si abrimos un poquito el corazón podemos intuir que nadie adelanta, retrasa o detiene el tiempo, si no que el juego sucede en nuestra percepción y en la capacidad que tenemos de dirigir toda nuestra atención a una actividad en específico que nos paga de vuelta con satisfacción y plenitud, sea cual sea esta actividad (por favor no la etiquetes como buena o mala).

Si reconocemos este poder con el cual nacimos y el cual vamos perdiendo a medida que crecemos, podemos volver a él y evitar el amargo camino que nos lleva a hacer muchas cosas y a no disfrutar de ninguna, y es que al final nuestra mente está diseñada para recibir y anclar el conocimiento en estado de relajación y concentración, ya que en estado de estrés todo nuestro cuerpo está invirtiendo su energía en escapar o protegerse de la amenaza que percibe (sea real o no).

Los seres humanos somos lúdicos por naturaleza, “El juego desarrolla el cerebro, potencia la empatía, nos ayuda a navegar por grupos sociales complejos y forma el núcleo de la creatividad y la innovación” Doctor Stuart Brown. Cuando generamos espacios de juego (sin propósito) nos transformamos en personas alegres y novedosas.

Entonces, si la percepción con la que miro la vida me ayuda a experimentar la sensación de que tengo más o menos tiempo, y si el administrador de ese tiempo soy yo, ¿Por qué pienso que el tiempo no es suficiente?

Es en este punto donde entraremos a la profundidad de la frase “la trampa del tiempo”, si has seguido el hilo hasta aquí es probable que ya hayas intuido de que la trampa no tiene nada que ver con el tiempo si no con la necesidad compulsiva que hemos construido acerca de mantenernos “ocupados” durante el día.

Es como si hubiésemos interiorizado que necesitamos hacer algo, no importa exactamente qué, pero el hecho de mantenernos ocupados es sinónimo de estatus y respeto. Les presento a la necesidad de aprobación vinculada a la necesidad principal de pertenecer.

Todos necesitamos pertenecer a un grupo, sentir que no estamos aislados, hacer tribu, como seres humanos no estamos diseñados para sobrevivir solos, siendo esta una necesidad principal se asocia con respuestas emocionales de supervivencia, es como si entendiéramos a nivel inconsciente que “la no pertenencia” es amenaza ¡peligro!

En este punto quizás te hizo clic el por qué cuando una persona no responde tus mensajes o te rechaza sientas a niveles intensos emociones primarias como la ira, tristeza o miedo.

Es posible que, debido a tus pensamientos y a tu percepción guardada incluso durante la primera infancia, con frecuencia caigas en el incómodo hábito de compararte cuando te sientes vulnerable, generando pensamientos obsesivos que desencadenan también ira, tristeza o miedo.

Pues compararnos, nos lleva a sentir que podemos ser rechazados si no lucimos o actuamos como xx, que nos van a abandonar porque no estamos cerca de ser como xx, que nadie nos va a querer o a creer en nuestras ideas porque no tenemos el éxito, el cuerpo, la forma de hablar, las condiciones sociales de xx persona.

Ciertamente necesitamos pertenecer, pero tú eliges a donde; ¿A dónde te gustaría pertenecer? ¿Cuál es el precio que estás dispuesto a pagar por pertenecer? ¿Negocias tu autenticidad por pertenecer?

A veces creemos que sólo lo que tenemos al alcance es lo adecuado, pero la verdad es que siempre hay mucho más, si expandimos nuestro corazón. No te conformes con realidades que te asfixien, con compromisos que no te lleven a experimentar el tiempo-no tiempo del que hablábamos y si vas a pagar un precio por pertenecer que no sea el de tu autenticidad.

La plenitud temporal

Hay estudios científicos que se han realizado en cuanto al valor subjetivo que tienen los recuerdos en nuestra memoria, el primer factor es que nuestro cerebro no está diseñado para sostener vacíos, entonces aquellas partes del recuerdo que no logramos rememorar el cerebro las llenará con información que tenga disponible. También se ha demostrado que conforme pasa el tiempo el recuerdo se va modificando de acuerdo con nuestras expectativas y vivencias.

Les ha pasado que terminan una relación amorosa importante y pasamos primero por la fase del dolor y el villano (presente) y luego por la fase del Mártir y el héroe, en la cual esa persona pasa de ser “malo maluco” a ser fantástico, dulce, empático y maravilloso (pasado), creo que este ejemplo ilustra lo que quiero comunicarles. Te invito a revisar este video corto donde se explica cómo funciona la memoria Haz clic  aquí.

Si el pasado no es confiable y el presente esta permeado por nuestra percepción, que además se construye en nuestra infancia (pasado) ¿Qué nos queda? El futuro, este gran amigo que se ha demostrado en estudios de psicología que aumenta la sensación de ansiedad y estrés en el cuerpo.

Y es que vivir pensando en lo que va a suceder, pero aún no sucede, me mantiene en la incertidumbre, tejiendo posibles escenarios cargados de expectativas, los cuales además permean mi bienestar en el presente, como ya vimos a el cerebro le parece sumamente estresante esto de sostener vacíos, de no saber, no tener información.

La plenitud atemporal se puede resumir en una frase “el camino del equilibrio” que sin duda alguna y si lo pusiéramos en números tendría 70% de presente, 20% de futuro y 10% de pasado.

60% de presente porque es en el único tiempo en el que puedo tomar acción, en el que puedo revisar mi percepción y ajustarla a una más actual y armoniosa y en la cual puedo fomentar hábitos que me generen bienestar.

20% futuro porque personalmente considero que la planificación es una joya divina siempre que la llevemos con flexibilidad y sin expectativas, saber a dónde quiero ir me hace vivir el presente con propósito y guía.

20% pasado porque incluso nuestro pasado ancestral nos permea en las conductas diarias, nuestros dolores, miedos, enseñanzas, valores, dones y talentos se cultivaron en el pasado y nos guiaron a lo que estamos siendo hoy en día.

Finalmente quiero invitarte a revisar nuestro Podcast #6 “Mentalidad de carencia” Haz clic aquí en el cual encontrarás algunas recomendaciones sobre cómo lidiar con esto de “no soy o no tengo suficiente xxx”.

 

 

Un abrazo Neptuniano,

Katherin Löwenthal

Creadora de Neptune Time

Nep-tune in

 

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