Resumen: Si sientes que el control es la forma segura de transitar la vida sin riesgos, te invito a que a través de mi historia puedas ver si en este afán de ser “perfecta” (que al final es una utopía) y eficiente estás yendo en la dirección opuesta a lo que tu alma y tu cuerpo necesitan.

“Las matanzas excesivas o los comportamientos desmedidos son propios de las mujeres que tienen hambre de una vida que para ellas tenga sentido. Cuando una mujer ha vivido prolongados períodos de tiempo sin sus ciclos y sin satisfacer sus necesidades creativas, se desmanda en toda una serie de cosas como el alcohol, las drogas, la cólera, la espiritualidad, la opresión a los demás, la promiscuidad, los embarazos, el estudio, la creación, el control, la educación, la disciplina, el fitness corporal, la comida basura, por citar sólo algunos de los excesos más habituales. Cuando las mujeres hacen estas cosas, significa que quieren compensar la pérdida de los ciclos normales de la expresión del yo, de la expresión del alma y de la satisfacción del alma.” Clarissa Pinkola Estés

¿Los árboles te dejan ver el bosque?

Si eres de las que no salen de casa hasta que todo este “perfectamente en su lugar”, de la que da vueltas de inspección antes de poder cerrar la puerta e incluso te sorprendes hablando sola sobre las cosas por hacer del día.

Si eres de las que viven con su pareja y te sorprendes Re-Haciendo lo que el hizo porque no quedó “bien” bajo tus estándares y luego te quejas porque toda la responsabilidad de la casa la tienes encima de tu espalda.

Si eres de las que aman las agendas, los calendarios, los planificadores, las alarmas y se siente incómoda cuando hay un espacio libre en la planificación.

Si eres de las que no puede detenerse hasta terminar lo que comenzó, de las que no se siente segura en que eso “esta listo” porque siempre hay un detalle a mejorar.

Si eres de las que necesita con frecuencia escapes de la rutina porque tiendes a sentirte asfixiada; de las que busca una forma de desconectar la mente pues tienes pensamientos activos durante la noche que no te permiten conciliar el sueño.

Entonces amiga, eres de las que los preciosos y atractivos árboles frondosos, llenos de frutas y flores, de tronco grueso y marrón no te dejan ver el precioso bosque y manantial que se esconde detrás de ellos.

Es cierto que no hay nada más hermoso que detenerse a apreciar los infinitos detalles que nos brinda la naturaleza, sin embargo, es posible que en ese detenernos a observar con cautela, estemos actuando como una científica de laboratorio más que como un hada del bosque.

Que en investigar los más recónditos detalles de un árbol no nos permitamos sentir la energía que emana de su tronco cuando lo tocamos. Que en mantenernos ocupadas tratando de “hacer sentido” al árbol no vivamos la experiencia que nos regala vivir con todos nuestros sentidos.

También es posible que en estar ocupadas analizando los colores y formas, no nos percatemos que la vejiga esta llena, que el estómago ruge como un león o que tenemos la boca seca por falta de hidratación.

Si pudiéramos tener una vista área de la situación nos sentiríamos seguras de avanzar pues unos cuantos metros más adelante hay millones de árboles diferentes, un manantial de agua hermoso para hidratarnos y refrescarnos y toda una aventura exploratoria por delante.

Quizás te preguntes ¿Qué nos detiene a observar científicamente el árbol y a no seguir explorando?

Pues bien, así como cada árbol es diferente, cada bosque lo es también. Siento que todas hemos pasado por este momento de control exacerbado alguna vez en la vida, algunas otras quizás sigan allí haciéndole sentido al mismo árbol durante años. Me encantaría dejar algunas consideraciones generales basadas en mi experiencia y las historias que he recopilado de otras mujeres a lo largo de mi vida.

¿Por qué nos detenemos sistemáticamente en el mismo árbol?

Las mujeres pasamos por varios ritos de paso a lo largo de nuestra vida, uno de los que quizás nos desconectan de nuestra alma es ese brinco cuántico de ser adolescente a ser mujer independiente.

¿Por qué digo que nos desconecta? Es justo en esta etapa que buscamos ser aceptadas y reconocidas por nuestra familia y por la sociedad, es como si necesitáramos escuchar de otros que ya somos independientes, exitosas y echadas pa` lante, es precisamente en ese afán que olvidamos preguntarnos ¿Qué necesito yo ahora? En esta búsqueda de independencia emocional y financiera parece que sólo nos esforzamos en la segunda y olvidamos la primera.

Y entonces esta adolescente que busca ser mujer tras mucho esfuerzo consigue su primer empleo y decide mudarse sola, pero es como si se mudara con los ojos de su mamá a la nueva casa, pues no se permite el desorden o la suciedad incluso cuando está fatigada o enferma, es como si alguien la observara y de un momento a otro fuese a aparecer con un regaño o una crítica devastadora.

Este sentirse observada, traspasa las fronteras de la casa para convertirse en un común denominador de la vida. No me arriesgo, no me muestro diferente, no engordo, no me despeino, no me muestro inapropiada, no me atrevo (aunque me muera de ganas) porque “que van a decir de mi”, como si siempre tuviésemos unos ojos que nos siguen hasta lo más íntimo de nuestro espacio.

Lo paradójico de la historia es que es posible que esta adolescente cuando vivía con sus padres era desordenada y poco colaboradora en los quehaceres de la casa, y en este esfuerzo desmedido de perfección empieza a extrañar a su madre y a valorar su dedicación a las tareas del hogar.

¡Este es precisamente el truco! Cuando no estamos atentas empezamos a idealizar a mamá y ha tomar como propio el modelo de hogar que ella nos brindó, creamos vínculos más cercanos con ella por aquello de la afinidad y el reconocimiento, pero dejamos de lado y muy enterrado en el inconsciente (por no ser prudente, practico o necesario) las heridas de nuestra infancia y lo más delicado es que abandonamos la idea heroica de la adolescente rebelde de construir nuestro propio sistema, nuestras propias bases y nuestra idea de hogar.

Nos desconectamos de nuestra experiencia de vida para conectar con el mundo y con nuestra familia. Factura que luego llega inadvertida, tiempo después con una crisis de desconfianza y de insatisfacción, pues llega un momento que nuestra alma habla tan fuerte que no la podemos acallar.

Cuando vivimos con nuestros padres tenemos la certeza implícita de que nos brindarán seguridad, y si no actuamos ellos actuarán por nosotros (en el mejor de los casos). Pero cuando alcanzamos la deseada independencia comenzamos a ver que en esa soledad hay una gran responsabilidad y no me refiero a llevar un hogar, la responsabilidad que tenemos de construir nuestro bienestar y felicidad ajustada a nuestras necesidades personales.

Cuando jugamos a ser mamá en un hogar diferente, la tarea se hace tan pero tan pesada, que la idea de independencia comienza a verse más como un castigo que como una ventaja. Sin darnos cuenta nos encerramos en el control absoluto del hogar, empezamos por aborrecer el desorden y si contabilizamos observamos que le dedicamos más tiempo a las tareas del hogar que a nuestros sueños, hobbies y momentos de silencio.

 

Así de a poquito, como la arena de un reloj le vamos cediendo poder a nuestras ansias de control extrapolándolo a todo lo que se acerque a nuestra vida, y llega un día que esa hambre voraz de control y perfección no nos deja conciliar el sueño pues el pensamiento recurrente de lo “que queda por hacer” no nos permite descansar.

Te voy a contar una anécdota personal que en su momento me dio mucha risa pero que hoy la veo como una gran alarma. Un día cualquiera estaba conversando con una compañera de trabajo que era casi o más organizada que yo, teníamos gustos similares sobre todo en cuanto a organización y estrategias y ambas estábamos comenzando a vivir con nuestras parejas por primera vez.

En una conversación de almuerzo ella dice que le molestaba que el esposo tendiera la cama, pues como buen hombre despreocupado lo hacia mal y ella no podía soportar las arrugas en la sabana, eso le provocaba tanto estrés que le tiritaba el ojo derecho. Mi cara era de Emoji con corazones al escucharla y entre risas yo le comento que a mi tampoco me gusta que mi pareja limpie o tienda la cama porque a mis estándares lo hacía mal y regresar a casa (yo salía antes de casa que él) y ver la cama con arrugas me generaba tanta rabia que no podía contenerme y pelear.

¡Ah! La convivencia y el síndrome de la mujer perfectamente eficiente…

Colapso nervioso-Llamado del alma

Te voy a contar una historia que, aunque es personal, la escuche al menos 4 veces de boca de otras amigas en sus primeros intentos de convivencia.

Esos meses terroríficos (porque duramos eso, MESES) sentí un estrés tan pero tan profundo que estallaba con ira casi a diario por exactamente: cualquier cosa. Estaba estudiando, trabajando y además “La casa”, ese término me parecía una película de terror.

Hasta que un día la gota que ocasionó el diluvio llego a mi vida. Vivíamos en 50 mts2 y yo le invertía todos los fines de semanas al menos 5 horas de limpieza, una locura lo sé, ese día estaba sola en casa, con un dolor de estómago terrible, era la época de exámenes en la universidad y después de limpiar me dije “Kathe vamos a relajarnos con música y un vino”, me serví la copa y cuando me disponía a guardar la botella se me cayó de la nevera, y en resumen al menos 35mts de la casa terminaron rojos y con pequeños vidrios adornando el espacio.

Ese día grité y con el grito lloré. Las lágrimas fueron suficientes para dejar todo así e irme a la cama a descansar, esa noche dormí tan pero tan profundo, a pesar del arte abstracto que adornaba mi sala.

Fue como un pacto interno, desde ese momento mi idea de perfección cambió y aunque me tomó años y tuve que ser mi propia policía, pues el rol de “Perfectamente eficiente” lo tenía muy bien integrado, sucedió y un día descubrí los beneficios de vivir a mi manera.

Seguro si te lo cuento te parecerá una locura y espero que así lo sea, y es que tu manera de construir hogar y de vivir es una huella dactilar única e irrepetible.

Después de ese día mi pareja hacia la cama (si claro, llena de arrugas) y yo respiraba hondo y la dejaba tal cual. Deje de mover las cosas de la casa “a su posición” que no era más que la idea que yo tenía de donde debían estar y respete su participación en lo que al final era nuestro hogar.

Me dispuse a no repetir el patrón de mujer latina que todo lo puede y todo lo hace y sustituí la queja por el respeto, al final de cuentas (en nuestro caso) el sí deseaba participar en las tareas del hogar, pero yo en mi perfección no se lo permitía.

Con esa botella se quebró mi idea de lo que debía ser ahora que era independiente, y empezó la crisis de ¿Quién soy realmente? Una crisis que duró años y en resumen me trajo hasta aquí, gracias a ese despertar y a esa sensación de “me rindo” pude caminar el bosque, entrar en él y construir mi cabaña cerca del manantial.

¿Te has preguntado como has vivido tus ritos de paso? Si reflexionaras un poco sobre esto ¿Puedes ubicar mentalmente cuando empezaste a querer controlar todo a tu alrededor?

¿Y ahora qué?

Ahora soy mamá, emprendedora y este rito de paso me enseño muchas otras cosas profundas acerca de confiar y soltar, me gusta planificar y organizarme si, pero puedo darme cuenta cuando estoy cruzando la línea de la practicidad a la perfección.

Quisiera dejarte alguna de las preguntas que me hago cuando siento que estoy volviendo a papel de “Perfectamente eficiente”, porque si, el control nos brinda la ilusión de seguridad y es muy fácil volver a ese rol cuando experimentamos incertidumbre.

  • ¿Qué realmente necesito en este momento? Traerme al presente me ayuda a no pensar en lo que está pendiente, dejo de alimentar el bucle de pensamientos que me llevan a ser una máquina productiva.
  • ¿Es absolutamente necesario que haga esta actividad hoy? Generalmente me debato entre las obligaciones y el tiempo de juego o distracción, hacerme esta pregunta me ayuda a desconectar para conectar mucho más fresca.
  • ¿Si no lo hago que es lo peor que puede pasar? Esta pregunta sirve con una excepción; no dejes para mañana una basura con pañales sucios ja ja ja. Generalmente dejamos el tiempo se ocio para después, para cuando haya tiempo libre y resulta que siempre estamos inventando actividades nuevas, vivimos en la era de la estimulación, del nunca es suficiente. Cuando me pregunto esto me llevo a evaluar si honestamente es prioridad lo que tengo pendiente o puedo reorganizarlo.
  • Si no tuvieses responsabilidades ¿Qué te gustaría hacer hoy? Hoy en día para mi es prioridad hacerme feliz y si honestamente puedo dedicarme unos minutos a eso que se me viene la cabeza lo hago.

Finalmente quiero invitarte a revisar el podcast #9 “Luces y sombras de la practicidad” en donde te converso un poco más al detalle de como en el intento de ser “perfectas” nos desconectamos de nuestros instintos e intuición.

Abrazos neptunianos,
Katherin Löwenthal
Creadora de Neptune Time
Nep-tune in