Resumen: Si hasta ahora eras de las que creían que ser vulnerable era una debilidad, déjame contarte en unas cuantas líneas del poder ardiente del que te estas privando. Y es que, esa llama interna que nos impulsa y nos guía a tomar decisiones, que nos protegen y liberan de las limitaciones internas, se alimenta de lo vulnerable y auténtico que podamos llegar a Ser, y no de los muchos éxitos sociales y profesionales que alcancemos a lo largo de nuestra vida.

“Cuando la naturaleza instintiva de una mujer es fuerte, ésta identifica intuitivamente al depredador innato a través del olfato, la vista y el oído, se anticipa a su presencia, lo oye acercarse y adopta medidas para rechazarlo. El depredador se echa encima de la mujer cuyo instinto ha sido lesionado antes de que ella advierta su presencia, pues su oído, su sabiduría y su percepción están dañados, sobre todo por culpa de introyecciones que la exhortan a ser amable, a comportarse bien y, especialmente, a mostrarse ciega ante los abusos de que está siendo objeto.” Clarissa Pinkola Estés

Los peligros que afrontamos en la modernidad son diferentes a los que vivieron nuestras antepasadas e incluso nuestras madres. Todas ellas labraron un camino desde donde hoy podemos tener espacios en la sociedad, aún afrontamos desigualdades que se han hecho latentes durante el 2020 en muchos sectores económicos mundiales, pero sin duda alguna cuando miramos por el retrovisor la historia nos cuenta que ahora nuestros desafíos, luchas y paradigmas de igualdad de condiciones están tomando un rumbo distinto.

Ahora como mujeres nos enfrentamos al endurecimiento casi aplastante de la energía femenina que llevamos dentro, honrando a esas mujeres del pasado que tuvieron que endurecerse y tomar de sus vísceras masculinas para abrirnos el espacio social en el que participamos hoy en día y el que hace apenas 100 años era impensable participar.

Si bien es cierto que ahora tenemos mayor libertad en cuanto a tomar decisiones trascendentales tales como; estudiar una carrera universitaria, ejercer un rol de gerente en una empresa, votar, ser presidenta de un país, parlamentarias, activistas políticas, miembros activos de organizaciones importantes; escoger si queremos o no casarnos, escoger con quien, ser madres o no, adoptar un hijo/a, adoptar un estilo de crianza y en algunos países incluso la decisión de abortar.

Nos enfrentamos a un desconocimiento casi generalizado de nuestro cuerpo femenino, de nuestro ciclo menstrual e incluso de algo tan íntimo e importante como lo es la psique femenina. Aplastamos nuestra capacidad receptiva por miedo a mostrarnos vulnerables y correr el riesgo de ser nuevamente confinadas al exilio de todas estas oportunidades sociales y económicas que de alguna manera sostienen la identificación que tenemos del sentido de independencia.

Pero ¿Qué precio estamos pagando por esta restitución de derechos femeninos? ¿Es posible tejer otra estrategia en la cual el precio que paguemos no tenga nada que ver con sentirnos plenamente Mujeres?

¿La historia que me cuento se siente real?

Cuando hablo con mujeres, no importa la nacionalidad o el país en el que viven me enfrento con un muro enorme entre sus emociones y sus ideales. Entre lo que ahora se vive como un rol de mujer socialmente aceptado y lo que de verdad ellas desean.

La sociedad actual vanagloria a la Mujer tipo Atenea “lógica, independiente, con una carrera sólida, buena presencia, cero enrollada emocionalmente, sin relaciones amorosas importantes” o una Atenea-Deméter “con hijos, emocional y económicamente autosuficiente, exitosa en su trabajo, autosuficiente en la casa, sin dramas emocionales, práctica, dispuesta a decir que si y un tanto alejada de la alaraca feminista”.

Cuando pregunto a otras mujeres en un espacio seguro ¿Cómo te sientes? Me responden “estoy bien, se estar sola, todo pasará, no tiene importancia” cuando en realidad después de varios minutos de preguntas y adentrarnos en su deseo lo que quieren decirse a ellas mismas, pero no atreven es: “Quiero un compañero de vida, sentirme sostenida y amada, compartir mi vida con alguien para quien yo sea también su prioridad, quiero poder sentirme débil de vez en cuando, tener un hogar, casarme y tener hijos, todo esto sin perder mi independencia.”

Algunas otras responden “estoy bien, encargada de mi familia, de la casa, de los hijos; ya sabes haciendo todo yo sola, además de la dieta, el gimnasio y de trabajar en el ascenso y unos cursos académicos para no quedarme atrás” y luego al cabo de un rato me dicen “estoy agotada, quisiera que mi esposo o mi familia me ayudaran más, tener tiempo para mi sola, no hacer nada y no sentirme culpable por no ser Super mama-esposa-profesional, tengo tanto llanto acumulado y tan poco tiempo a solas para llorar”.

Quizás te pase como a mí, empecé terapia hace 4 años por que no sabía llorar, sentía una agitación terrible dentro del cuerpo, pero a menos que me tomara una botella de alcohol era imposible que se me destaparan los lagrimales. Con el tiempo entendí que el problema no era biológico si no emocional. Estaba tan

desconectada de mis emociones y tenia tanto miedo a ser vulnerable que no me permitía llorar, incluso con la muerte de mi papá llegue a sentirme culpable por no llorar.

Con el pasar del tiempo todas esas lágrimas fueron haciendo su efecto interno en mí; era una represa que había ahogado no solo a mis ilusiones más íntimas e infantiles, sino que también había ahogado mi esencia; en este punto de la historia yo no sabía ni quién era ni que quería en mi vida con claridad, solo estaba segura de lo que la construcción social quería que yo hiciera, pero yo ya no tenía energía para seguir alcanzando metas ajenas, así que hice lo primero que se debía, empecé por aprender a llorar.

La desconexión con nuestras emociones pudo haber sido una necesidad para una mujer que enfrentaba abusos psicológicos y físicos y no tenia como salir del escenario. Sin embargo, hoy en día esa herramienta sólo contribuye a que más personas abusen de nosotras, he incluso a que el villano alojado en nuestra psique nos explote, humille y nos viole tantas veces como nosotras lo permitamos.

Este villano nos abusa cuando; nos matamos de hambre para lucir delgadas, estamos cansadas y no paramos a descansar porque un sentido de inutilidad se apodera de nosotras, hacemos silencio en vez de poner límites a los demás por miedo a que nos rechacen, nos sentimos culpables por las acciones de otros y volteamos el foco creyendo que así estamos siendo responsables y autosuficientes, o cuando nos afligimos e incluso somatizamos con estrés las circunstancias de otros, en un afán de querer salvarlos de su destino.

Todos los escenarios descritos anteriormente tienen de trasfondo pensamientos recurrentes que nos infunden miedo, que nos hacen creer que si actuamos diferente las consecuencias serán atroces, este villano tiene una carga colectiva, otra heredada y otra aprendida, imagínate lo fuerte y poderoso que es en nuestra psique.

Sin embargo, las esperanzas como les narre en el Podcast #7, son el alimento de esa protagonista o de esa heroína que está a la espera de refuerzos para sobrevivir, refuerzos que llegan en su momento, cuando rendimos los condicionamientos y las expectativas aprendidas, y dejamos emerger ese poder y ese fuego ardiente que guardamos en el fondo de nuestro inconsciente, ese que nos da una vía, un camino, una estrategia novedosa y creativa.

Actualizar nuestras luchas

Sería muy triste tener que atravesar el borde de la muerte o la vejez avanzada para darnos cuenta de que la vulnerabilidad es un poder más que una debilidad. Que cuando cercenamos nuestra energía femenina la creatividad se va con ella, y no podemos más que crear en serie más de lo mismo, repitiendo el patrón mundial de caos en el que vivimos en la actualidad.

Reconocernos vulnerables implica desde poder decir “me equivoque” con humildad y sin sentir que el mundo se nos cae encima mientras el estómago se nos cierra, hasta sentir que podemos cambiar de dirección sin pensar que es tarde para ello.

Aceptarnos vulnerables es el primer paso para poder reconocer la vulnerabilidad del otro, sentir compasión (la misma pasión que el otro) por el proceso del otro sin querer intervenir en su realidad y mantenernos empáticos y respetuosos ante todo lo que nos rodea.

Es dejar la soberbia atrás en la forma en la que criamos a nuestros hijos (la semilla del cambio) y escuchar a nuestra intuición más que a la ciencia en cuanto a respetar sus etapas de crecimiento y sus potencialidades.

Reconocernos vulnerables es salir desnuda metafóricamente al mundo, a un sistema social crítico e implacable. La buena noticia es que mientras mayor sea el número de personas que transiten este cambio hacia el Ser y el respeto, menor será la sensación de estar exponiéndonos a una masa crítica y juiciosa que busca destruirnos.

Cuando los cambios nacen del corazón se genera un magnetismo mágico que impulsa a otros a vivir de forma diferente.

Tengo la fe y la esperanza de que cada año será menos hostil mostrarnos auténticos y vulnerables. Lo que hoy es nuestra lucha generacional mañana será el derecho natural de nuestros hijos y nietos, quienes nos honrarán y generarán nuevos espacios para que el Ser pueda vivir en armonía.

Abrazos neptunianos,
Katherin Löwenthal
Creadora de Neptune Time
Nep-tune in